Cómo afecta ser autista a tu pareja: Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra

Analizamos las dificultades reales en parejas autista–no autista, la doble empatía y cómo abordarlas sin culpabilizar.El nombre “Casandra” hace referencia a la figura mitológica griega que tenía el don de la profecía, pero cuya veracidad no era creída por los demás.Similarmente, quienes sufren de Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra se sienten incomprendidos y emocionalmente desatendidos por sus parejas neurodivergentes.Este artículo explorará en detalle el Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra, sus síntomas, causas, y estrategias de manejo desde la perspectiva de la Psicoterapia Humanista Integrativa, modelos desde el que trabajamos en el Instituto de Neurodivergencias.

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Cuando una relación de pareja atraviesa años de malentendidos, necesidades que no parecen encontrarse y una sensación creciente de desconexión, es comprensible buscar una explicación. En algunas parejas en las que una de las personas es autista aparece entonces un término muy difundido en internet: “síndrome de Casandra” o “Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra”.

El sufrimiento que puede existir dentro de una relación es real y merece ser escuchado. Sin embargo, “síndrome de Casandra” no es un diagnóstico reconocido en los principales sistemas internacionales de clasificación clínica y no existe evidencia suficiente para considerarlo un trastorno psicológico específico provocado por convivir con una persona autista.

Además, explicar los problemas de una pareja como consecuencia de que la persona autista “no tiene empatía”, “no sabe querer” o es incapaz de responder emocionalmente resulta demasiado simplista y puede reforzar estereotipos que la investigación actual está cuestionando.

Para comprender mejor de qué hablamos cuando utilizamos este término, puede ser útil conocer primero cómo puede manifestarse el autismo en adultos, especialmente cuando ha pasado inadvertido durante muchos años.

La pregunta interesante, por tanto, no es quién tiene el déficit. Es otra:

¿Qué ocurre cuando dos personas perciben, expresan y esperan la conexión de maneras diferentes y llevan años interpretándose desde códigos distintos?

Qué es el llamado síndrome de Casandra

El término se utiliza principalmente para describir la experiencia de algunas personas que dicen sentirse emocionalmente solas, incomprendidas o poco atendidas dentro de una relación con una persona autista.

Pueden aparecer experiencias como:

  • sentirse poco comprendido o poco escuchado;
  • interpretar que falta afecto o interés;
  • tener discusiones recurrentes por los mismos motivos;
  • experimentar soledad dentro de la relación;
  • sentir que las necesidades emocionales de ambos son incompatibles;
  • acumular frustración, resentimiento o agotamiento;
  • dudar de la propia percepción de lo que ocurre.

Estas experiencias pueden existir. Lo que no podemos concluir es que constituyan un trastorno específico ni que sean una consecuencia inevitable de tener una pareja autista.

Tampoco son experiencias exclusivas de las parejas autista–no autista. La desconexión emocional, la falta de reciprocidad percibida, los problemas de comunicación y la insatisfacción relacional pueden aparecer en parejas con cualquier combinación de neurotipos.

¿Ser autista significa tener menos empatía?

No podemos reducir la empatía a una única capacidad que una persona “tiene” o “no tiene”.

La investigación diferencia, entre otros procesos, entre empatía cognitiva —inferir qué puede estar pensando o sintiendo otra persona— y empatía afectiva —experimentar una respuesta emocional ante lo que le sucede—.

Las investigaciones encuentran diferencias grupales en determinados aspectos de la cognición social y especialmente en algunas medidas de empatía cognitiva. Sin embargo, los resultados sobre empatía afectiva son mucho menos consistentes y dependen considerablemente de cómo se mida.

Por eso, expresiones como “las personas autistas carecen de empatía” no describen adecuadamente lo que sabemos actualmente.

Una persona puede sentir intensamente lo que le sucede a su pareja y, al mismo tiempo, no detectar una señal implícita, no interpretar correctamente una expresión facial o no responder de la manera que la otra persona esperaba.

Y eso puede producir una paradoja dolorosa:

una persona puede estar intentando cuidar mientras la otra siente que no está siendo cuidada.

El problema de la doble empatía

Una de las propuestas que ha cambiado la manera de comprender estas dificultades es el llamado problema de la doble empatía.

Este marco propone que algunos problemas entre personas autistas y no autistas no se explican exclusivamente por un déficit de la persona autista. Pueden surgir también de una dificultad recíproca para interpretar experiencias, intenciones y formas de comunicación construidas desde perspectivas diferentes.

Distintos estudios han encontrado que las interacciones entre personas del mismo neurotipo pueden presentar, en determinados contextos, mayor fluidez o transferencia de información que las interacciones entre neurotipos diferentes.

Esto no significa que una pareja autista–no autista esté condenada a entenderse mal ni que dos personas autistas vayan necesariamente a entenderse bien.

La doble empatía es un marco útil para investigar la comunicación, pero no explica por sí solo toda la complejidad de las relaciones humanas.

Lo que sí permite es cambiar una pregunta:

En lugar de preguntarnos “¿qué le falta a la persona autista para relacionarse normalmente?”, podemos preguntarnos:

“¿Qué necesita aprender cada miembro de esta pareja para comprender el lenguaje relacional del otro?”

Por qué puede haber conflictos en una pareja autista–no autista

Reconocer la reciprocidad no significa negar que determinadas características autistas puedan influir en la convivencia.

Pueden existir diferencias importantes en distintas áreas.

1. Comunicación implícita frente a comunicación explícita

Una persona puede esperar que su pareja deduzca que está triste, enfadada o que necesita apoyo a partir del tono de voz, el silencio o determinadas señales corporales.

La otra puede necesitar que esa información se exprese de una manera mucho más directa.

Entonces aparece un conflicto clásico:

“Si realmente me conocieras, sabrías lo que necesito”.

frente a:

“Si necesitas algo, necesito que me lo digas”.

Ninguna de estas posiciones demuestra necesariamente falta de amor. Pueden reflejar expectativas comunicativas diferentes.

2. Diferentes formas de mostrar afecto

No todas las personas expresan cariño mediante contacto físico, declaraciones verbales, espontaneidad o demostraciones emocionales visibles.

Para algunas personas autistas, cuidar puede significar solucionar un problema, compartir información, garantizar estabilidad, recordar detalles importantes o estar disponibles de una manera muy concreta.

Si la pareja espera otra forma de expresión, puede recibir mucho afecto sin reconocerlo como tal.

Y también puede ocurrir lo contrario: que la persona autista necesite determinadas formas de cuidado que su pareja no identifica.

3. Necesidad de recuperación y tiempo a solas

Después de una jornada con mucha demanda social, ejecutiva o sensorial, algunas personas autistas necesitan reducir estímulos y pasar tiempo solas.

Sin una comprensión compartida de esta necesidad, retirarse puede interpretarse como:

  • “ya no quiere estar conmigo”;
  • “no le intereso”;
  • “prefiere sus cosas antes que nuestra relación”.

Mientras que desde la otra persona puede significar simplemente:

“Necesito regular mi sistema nervioso antes de poder volver a conectar”.

4. Diferencias sensoriales y contacto físico

El abrazo, el tacto, determinados olores, el ruido, dormir juntos o incluso la intimidad sexual pueden estar atravesados por diferencias sensoriales.

Evitar un contacto concreto no equivale necesariamente a rechazar a la pareja.

Pero tampoco significa que la necesidad de contacto de la otra persona sea irrelevante.

La dificultad consiste en encontrar formas de intimidad compatibles con ambos sistemas nerviosos.

5. Predictibilidad frente a espontaneidad

Para una persona, cambiar de plan a última hora puede ser divertido. Para otra puede implicar un esfuerzo cognitivo considerable.

Una puede interpretar la necesidad de planificación como rigidez o falta de espontaneidad. La otra puede vivir la improvisación continua como una fuente de estrés.

Cuando cada miembro interpreta estas diferencias como una característica moral del otro —“egoísta”, “controlador”, “desconsiderado”, “inflexible”— el conflicto se intensifica.

6. Diferencias en el ritmo emocional

Algunas personas necesitan hablar inmediatamente después de un conflicto. Otras necesitan horas para comprender qué sienten, organizar lo ocurrido y poder expresarlo.

Si una persigue la conversación mientras la otra necesita retirarse, puede establecerse un ciclo muy doloroso de persecución y evitación.

La solución no consiste necesariamente en obligar a una de ellas a adoptar el ritmo de la otra, sino en acordar cómo y cuándo se retomará la conversación.

7. Sobrecarga, masking y burnout

Una relación no ocurre aislada del resto de la vida.

Estrés laboral, crianza, demandas sociales, dificultades ejecutivas, sobrecarga sensorial, masking sostenido o burnout pueden reducir enormemente la capacidad disponible para atender las necesidades propias y las de otra persona.

A veces lo que parece una “crisis de pareja” incluye también a dos personas con sus recursos de regulación agotados.

En el caso concreto de las mujeres, hemos profundizado en algunas de estas dinámicas en nuestra guía sobre autismo en mujeres y relaciones de pareja.

La responsabilidad debe ser de los dos miembros de la pareja

Uno de los riesgos del concepto tradicional de “síndrome de Casandra” es colocar a una persona exclusivamente en el papel de víctima emocional y a la persona autista en el papel de causante de la privación afectiva.

Una relación saludable necesita una mirada más compleja.

La persona no autista no debería tener que renunciar constantemente a sus necesidades para adaptarse.

Y la persona autista tampoco debería vivir permanentemente intentando imitar una forma neurotípica de relacionarse para demostrar que quiere suficientemente a su pareja.

La adaptación sostenible necesita ser bidireccional.

Autismo no significa que haya que tolerar cualquier comportamiento

Una perspectiva neuroafirmativa tampoco significa justificar cualquier conducta por el hecho de que una persona sea autista.

Mentir, controlar, humillar, amenazar, ejercer violencia, ignorar deliberadamente los límites de otra persona o utilizar el diagnóstico para evitar toda responsabilidad no son “rasgos del autismo”.

Del mismo modo, exigir masking permanente, ridiculizar las necesidades sensoriales, negar la necesidad de regulación o interpretar sistemáticamente las características autistas como defectos de carácter puede resultar profundamente dañino.

Comprender el neurotipo permite contextualizar una conducta. No elimina la responsabilidad relacional.

Qué puede ayudar a una pareja autista–no autista

Hacer explícito lo implícito

En lugar de esperar que el otro adivine una necesidad, convertirla en información concreta.

Por ejemplo, en lugar de:

“Nunca estás cuando te necesito”.

puede ser más útil:

“Cuando llego preocupada necesito que durante diez minutos me escuches antes de intentar buscar una solución”.

Aprender qué significa una conducta para cada persona

Retirarse puede significar regulación, no rechazo.

Preguntar repetidamente puede significar necesidad de precisión, no cuestionamiento.

Pedir anticipación puede significar necesidad de predictibilidad, no control.

Necesitar contacto puede significar búsqueda de conexión, no exigencia.

Comprender el significado no obliga a aceptar cualquier conducta, pero evita construir conflictos a partir de interpretaciones incorrectas.

Negociar necesidades en lugar de discutir quién tiene razón

En terapia de pareja resulta mucho más útil identificar:

  • qué necesita cada persona;
  • qué puede ofrecer realmente;
  • qué necesita anticipación;
  • qué límites existen;
  • qué acuerdos son sostenibles;
  • y qué ocurre cuando alguno no puede cumplirlos.

Crear protocolos para los conflictos

Cuando una pareja conoce sus patrones puede decidir previamente:

  • cómo señalar que alguien está sobrecargado;
  • cuándo detener una discusión;
  • cuánto tiempo necesita cada persona;
  • cómo garantizar que la conversación sí se retomará;
  • cómo reparar después de hacerse daño.

Esto puede ser especialmente útil cuando durante la activación emocional disminuye la capacidad de comunicación.

Trabajar desde una terapia que comprenda el autismo adulto

Una terapia que interpreta automáticamente las necesidades autistas como evitación, resistencia, falta de empatía o falta de compromiso puede empeorar el problema.

Del mismo modo, una terapia que atribuye todos los conflictos al neurotipo y deja de trabajar responsabilidad, límites o reparación tampoco resulta adecuada.

El objetivo debería ser comprender cómo funciona esa pareja concreta y ayudar a ambos miembros a construir un lenguaje común.

Cuando es necesario un acompañamiento individual para comprender el propio funcionamiento, la regulación, los límites o el impacto de años de adaptación, puede ser útil acudir a profesionales con experiencia en psicoterapia especializada en neurodivergencias.

Entonces, ¿existe realmente el síndrome de Casandra?

Como experiencia descriptiva, algunas personas pueden reconocer en ese término su sensación de soledad, incomprensión o desconexión dentro de una relación.

Pero desde una perspectiva clínica rigurosa debemos diferenciar entre una experiencia válida y un diagnóstico válido.

Actualmente no disponemos de base suficiente para considerar el “síndrome de Casandra” o el “Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra” una entidad diagnóstica específica causada por mantener una relación con una persona autista.

Utilizar el término como explicación cerrada puede incluso impedirnos observar factores relevantes de la relación: estilos de apego, estrés, trauma, alexitimia, salud mental, TDAH, carga familiar, experiencias previas, expectativas culturales, incompatibilidad o simplemente necesidades relacionales diferentes.

Una explicación más útil que buscar culpables

Puede haber relaciones en las que una persona autista y una persona no autista se hagan mucho daño.

También existen relaciones profundamente satisfactorias entre personas de neurotipos diferentes.

La investigación sobre relaciones románticas en adultos autistas muestra precisamente que no existe una única experiencia. En un estudio sobre parejas de larga duración, la capacidad de respuesta de la pareja fue un predictor importante de satisfacción tanto para personas autistas como para sus parejas no autistas.

La pregunta clínica más útil, por tanto, no es:

“¿Quién tiene el problema?”

sino:

“¿Podemos comprender suficientemente bien las necesidades de ambos y construir una relación en la que ninguno tenga que desaparecer para que funcione?”

Preguntas frecuentes

¿El síndrome de Casandra es un diagnóstico psicológico?

No. No aparece como diagnóstico independiente en los principales sistemas internacionales de clasificación clínica. El término se utiliza fundamentalmente de manera descriptiva en determinados contextos relacionados con parejas neurodivergentes.

¿Una persona autista puede querer profundamente a su pareja?

Sí. El autismo no implica ausencia de amor, apego o capacidad para mantener relaciones íntimas. Pueden existir diferencias en la manera de expresar afecto, interpretar determinadas señales sociales o gestionar las demandas de una relación.

¿Las personas autistas tienen menos empatía?

No puede responderse adecuadamente con un simple sí o no. La empatía incluye procesos diferentes. La investigación encuentra diferencias especialmente en determinadas medidas de empatía cognitiva, mientras que las diferencias en empatía afectiva son mucho menos consistentes. Además, los resultados dependen considerablemente de cómo se mida la empatía.

¿El problema de la doble empatía está demostrado?

Existe evidencia experimental compatible con este marco, especialmente en estudios sobre comunicación y rapport entre personas de neurotipos iguales y diferentes. Sin embargo, sigue siendo un área activa de investigación y no debería utilizarse como explicación única de todos los problemas relacionales.

¿Puede funcionar una relación entre una persona autista y una no autista?

Sí. Compartir o no compartir neurotipo no determina por sí mismo la calidad de una relación. Compatibilidad, comunicación, seguridad, capacidad de reparación, valores compartidos y capacidad de responder a las necesidades del otro son factores importantes en cualquier pareja.

¿Cuándo puede ser útil pedir ayuda profesional?

Cuando los mismos conflictos se repiten sin poder resolverlos, existe una desconexión mantenida, uno o ambos miembros están agotados, resulta difícil identificar las necesidades propias o la comunicación se ha convertido fundamentalmente en defensa y reproche, puede ser útil trabajar con un profesional que conozca el autismo adulto y comprenda las relaciones desde una perspectiva neuroafirmativa.

¿Y si uno de los miembros sospecha que puede ser autista?

Reconocerse en algunas experiencias no permite establecer por sí solo si una persona es autista. Si existe una duda persistente y comprender el propio funcionamiento puede resultar relevante para la persona, puede valorarse una evaluación de autismo en adultos realizada por profesionales especializados.

Referencias y lecturas científicas

  • Cusson NM, Meilleur AJ, Bernhardt BC, Soulières I, Mottron L. A systematic review and meta-analysis of empathy in autism: The influence of measures. Clinical Psychology Review. 2025.
  • Crompton CJ, Ropar D, Evans-Williams CVM, Flynn EG, Fletcher-Watson S. Autistic peer-to-peer information transfer is highly effective. Autism. 2020;24(7):1704–1712.
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  • Milton DEM. On the ontological status of autism: the double empathy problem. Disability & Society. 2012;27(6):883–887.
  • Strunz S, Schermuck C, Ballerstein S, et al. Romantic Relationships and Relationship Satisfaction Among Adults With Asperger Syndrome and High-Functioning Autism. Journal of Clinical Psychology. 2017;73(1):113–125.

El Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra es una realidad compleja y desafiante para muchas parejas donde uno de los miembros es autista.

Aunque no es un diagnóstico oficial, el impacto emocional y psicológico del Trastorno de Deprivación Afectiva de Casandra es innegable. A través de la Psicoterapia Humanista Integrativa, que se enfoca en la totalidad del ser humano y promueve el crecimiento personal y la autoexploración, es posible mejorar la calidad de vida de las parejas afectadas y fomentar relaciones más saludables y satisfactorias.

La investigación continua y el reconocimiento de estas dinámicas son esenciales para proporcionar el apoyo adecuado a quienes lo necesitan.

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